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jueves, 13 de septiembre de 2018


Armonizar el  pensamiento económico entre los que siempre han vivido de un sueldo y los que se han generado su propio puesto de trabajo es casi del todo imposible.
-Los que siempre han tenido un sueldo, nunca o casi nunca se plantean de donde se les paga la nomina, ni si el trabajo que ellos realizan vale lo que cobran por el mismo, especialmente si trabajan para el sector público… En la mayoría de los casos, el sentido de la palabra  “productividad” no tiene el más mínimo significado para ellos.
Por otro lado están;
-Los que generan su puesto de trabajo, autónomos y en algunos casos más adelante, si tienen éxito, empresarios. Son muy sensibles al coste de producción y  a todo lo que conlleva aumento del mismo. Este gasto en relación con los ingresos, dará lugar a una productividad  positiva o negativa que marcara la viabilidad o no de la empresa.
Desde estas premisas, el resultado es la imposible armonización de pensamiento entre un asalariado y un empresario. Sin embargo, hasta el más cortito de los economista sabe que sin empresas no hay progreso al igual que sabe que si una empresa no es competitiva, está condenada a la desaparición.
El grueso de nuestros actuales dirigentes políticos  han sido en la mayoría de los casos asalariados, y eso los que han trabajado alguna vez, que muchos ni siquiera eso. Haría falta unos dirigentes con alturas de mira y que buscaran el autentico bienestar de la sociedad española para que se hiciera justicia con aquel que lo arriesga todo en beneficio de la sociedad.



viernes, 19 de diciembre de 2014

NAVIDAD PERO SOLO EN LOS CENTROS COMERCIALES


Desde hace unos días estamos inmersos en las compras navideñas. Vemos en todos los medios imágenes y fotos de estas compras pero casi siempre de los grandes centros comerciales. Si por el contrario visitamos otras zonas donde se concentra el pequeño comercio, tendremos la impresión de estar en otro país de economía muy diferente.
Nuestros gobernantes llevan ya muchos años legislando por dictado de las multinacionales contra el pequeño comercio y en beneficio de los grandes. Así hemos llegado a la actual situación.
Incluso el ciudadano que se sienta solidario con el autónomo y las pymes, está obligado a comprar en aquellos centros pues hay muchos productos básicos que los han monopolizado. Debemos tener en cuenta que además vivimos en un país de funcionarios que cobran del gobierno y estos carecen en general de la más mínima sensibilidad hacia la precariedad de los esclavos-autónomos que carecen de derechos y solo tienen obligaciones.
Por último decir o mejor preguntar: donde están los partidos de izquierdas, los hay, no lo demuestran. Donde están los sindicatos, lo mismo. Pero y la Iglesia? Si Cristo volviera a nacer. Se repetiría la misma historia.

Faustino Tomares.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El empresario no explota al trabajador




D.Juan Ramon Rayo
La propaganda socialista ha popularizado la idea de que el capitalista explota el trabajador para arrebatarle una parte de su salario. De acuerdo con semejante estampa, el obrero constituye un elemento esencial del proceso de generación de riqueza al que se le adosa un improductivo parásito que le impide retener la totalidad del “fruto de su trabajo”. La realidad, sin embargo, es más bien la opuesta.
El trabajo por el trabajo, la simple aplicación de esfuerzo en cualquier actividad, no genera en sí mismo riqueza. Si lo hiciera, los centenares de miles de viviendas construidas en España durante la burbuja o los aeropuertos vacíos e innecesarios paridos del trabajo humano se erigirían como monumentos a la prosperidad universal. Pero no lo hacen: al contrario, todos coincidimos en la magna dilapidación de recursos que han supuesto. Digamos que el trabajo allí dedicado fue una completa pérdida de tiempo: si los trabajadores que se ocuparon y retuvieron en tan disparatados proyectos hubiesen sido empleados en otras finalidades más útiles, toda la sociedad –empezando por los propios trabajadores– se habría visto beneficiada por esta buena dirección de los esfuerzos.
Que el trabajo sea en muchos casos una condición necesaria para generar riqueza no lo convierte en una condición suficiente. Es verdad que en un orden social extremadamente simple y primitivo casi cualquier trabajo permitía generar riqueza: las necesidades urgentes no satisfechas (alimentación, vestimenta, cobijo, ornamentación…) eran tantas y los medios potenciales para lograrlas eran tan poco variados (fuerza bruta) que, en efecto, lo único que se requería era esfuerzo físico; la coordinación de ese trabajo, sin carecer de importancia, apenas tenía un rol meramente técnico, de modo que era fácil confundir el esfuerzo humano con una condición suficiente para alumbrar bienestar.
Pero, por el contrario, en un orden social altamente complejo, las necesidades no urgentes por ser satisfechas y los medios disponibles para alcanzarlas son de tal enormidad que la función de seleccionar dónde y cómo maximizar en cada momento la creación de riqueza resulta de una importancia básica: no en vano, invertir los recursos de un modo significa no poder invertirlos de otro; es decir, seguir determinados cursos de acción bloquea la posibilidad de seguir otros. He ahí, precisamente, la labor fundamental que realiza el capitalista en su papel de promotor-empresario: seleccionar, bajo su propia responsabilidad y riesgo, aquellos planes de negocio que sí generan valor para los consumidores y a los que, una vez confeccionados, se incorporarán los distintos trabajadores. De la misma manera que para encontrar la salida de un extenso bosque es preferible contar con un buen guía que esforzarse en dar vueltas circulares, a la hora de coordinar a miles de millones de personas en generar riqueza resulta esencial contar con buenos capitanes del navío que eviten que naufrague ese proceso de coordinación social (la famosa “división del trabajo”).
Es entonces, cuando ya conocemos el destino hacia el que debemos dirigirnos –cuando el buen plan de negocios ha sido confeccionado por algún habilidoso empresario–, cuando ese plan puede comenzar a tomar forma contratando a los factores productivos necesarios para implementarlo, entre ellos los trabajadores. Pero fijémonos que el trabajador es sólo un relevante compañero de viaje una vez éste viaje ya se ha iniciado. Si de alguna forma fuese posible prescindir del trabajador (por ejemplo, robotizando su ocupación), el empresario seguiría generando riqueza con su plan de negocios; en cambio, el obrero sería incapaz de hacerlo prescindiendo del plan empresarial de negocios (a menos que él ejerciera de empresario exitoso vía empleo autónomo o cooperativas y confeccionara un plan de negocios tan bueno o mejor que el de sus rivales).
Por consiguiente, es el empresario el que cede al trabajador parte de la riqueza que su plan de negocios crea: lejos de rapiñar la plusvalía del proletario, es el trabajador el que toma parte de la plusvalía que le correspondería al empresario. Marx, por consiguiente, entendió el proceso social del capitalismo justo al revés: no se extraía el valor del proletario al capitalista sino, más bien, del capitalista al proletario. Claro que, también a diferencia de la propaganda marxista, en ningún caso puede decirse que todo ello suponga una explotación del trabajador al empresario: las relaciones laborales son acuerdos voluntarios donde ambas partes salen ganando y por tanto donde no existe parasitismo y sí simbiosis.
En suma. el capitalista proporciona la financiación, el empresario elabora el plan de negocios, el trabajador lo ejecuta en colaboración con muchos otros factores de producción y el consumidor disfruta de los masivos bienes así producidos. Capitalismo de libre mercado, se llama.
JUAN RAMON RAYO


domingo, 22 de junio de 2014

CARTA ABIERTA A DON LORENZO AMOR PRESIDENTE DE A.T.A.


Estimado señor: No dejamos de escuchar a nuestros interlocutores políticos y económicos sobre la buena orientación de nuestra economía que al parecer no deja de crecer aunque despacio. El mejor referente es el aumento de Autónomos según los interlocutores mencionados.
            Los dirigentes políticos responsables de economía, se apoyan en los fríos números que muestran el crecimiento. Cosa bastante lógica pues todos sabemos que solo buscan la rentabilidad electoral. Bastante distinto es que el apoyo se produzca desde el principal interlocutor de los autónomos, el presidente de A.T.A. don Lorenzo Amor. Convertido en principal interlocutor tras recibir desde el gobierno, una medalla no recuerdo bien porqué. Los  Autónomos de toda la vida saben que este crecimiento no es debido a la mejora de la economía. Este crecimiento se produce ante la imposibilidad hoy en día de encontrar trabajo por cuenta ajena. El que no encuentra trabajo y no tiene ningún tipo de ingreso, solo le queda rebuscar las cuatro perras que pueda juntar (familiares, amigos etc.) e intentar iniciar un negocio, incluso sabiendo de antemano las pocas posibilidades de éxito que pudiera tener.
            Señor Amor, estamos harto de escucharle que el problema de los Autónomos es la falta de crédito desde la banca y no es así. La gran mayoría de los Autónomos desde siempre, se ha iniciado con sus propios ahorros, prestamos familiares etc. Comenzando de la forma más sencilla y ampliando conforme la viabilidad del negocio lo ha permitido. Pero antes apenas había gastos hasta que no empezaban a funcionar, mientras que hoy, antes de empezar ya hay que desembolsar ingentes cantidades de dinero en burocracia. Se empieza a pagar impuestos antes de tener la más mínima rentabilidad e incluso cuando solo se generan perdidas.
            La otra razón que usted habitualmente resalta “la Deuda de la Administración Pública con este colectivo que lo está ahogando” tampoco es nada determinante. Los Autónomos sabemos a qué nos exponemos cuando trabajamos con la administración. Sabemos que paga más caro  que nadie nuestras facturas pero también sabemos del problema, que siempre,  ha habido para cobrar. Así que esa situación, esta amortizada de antemano.
            Estimado señor: La próxima vez que le pongan un micrófono, hable de “pagar impuestos antes de generar beneficios” hable de “la burocracia existente para poner en funcionamiento un negocio” hable de “la enorme fiscalización de todo tipo que tenemos una vez funcionando”  hable de “las cotizaciones Sociales” las más altas de Europa porcentualmente y que además no protegen al empresario en casi nada y hable también de cuando contratamos a alguien; al que  jurídicamente y gracias a la actual legislación laboral, le hemos hecho socio de nuestra empresa pero solo a beneficios, nunca a perdidas y que además nos obliga a ser los tutores de los trabajadores.

Faustino Rodriguez  es PTE. DE  PYMES Y AUTÓNOMOS  DE TOMARES