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miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL AUTONOMO ESPAÑOL EL MAS CASTIGADO DE LA EUROPA DESARROLLADA


El colectivo de los trabajadores autónomos ha crecido notablemente en nuestro país en los últimos años. De hecho, el pasado mes de junio alcanzó la tasa del 19% del total de la población activa española. Sin embargo, el nuestro es un sistema que presenta diferencias con respecto a otros países europeos, tal y como ha publicado la revista Forbes. Unas diferencias que no dejan a España en buen lugar.
Francia es, según esta publicación, el mejor país donde ser autónomo. De hecho, la revista puntúa el sistema en vigor para los trabajadores autónomos con un 9,5 sobre 10. ¿El motivo? La existencia de cuotas depende de la profesión que se tenga así como de las ganancias que presente el trabajador.
Los autónomos franceses no pagan ninguna cuota en el primer año de su actividad. Con esa alta, el trabajador tiene derecho gratuito a asistencia sanitaria, jubilación, incapacidad temporal y pensiones de viudedad e invalidez.
Reino Unido ocupa la segunda posición del ranking de Forbes, con una característica destacada: cuota fija para todos los trabajadores autónomos, que oscila entre los 13 y los 58 euros. De la misma manera, los autónomos ingleses no deben realizar declaraciones trimestrales de IVA, que se paga al final del ciclo fiscal dependiendo de las ganancias que tenga cada trabajador.
A este sistema la publicación le otorga ocho puntos. Al igual que al italiano, cuyo rasgo principal es que solo se paga en función de las ganancias que se tenga, siendo la tasa máxima a pagar del 20%.
Alemania, en el último lugar
En el notable, pero con un punto menos, se sitúan los sistemas de trabajadores autónomos de Portugal y Holanda. En el primer caso por la inexistencia de cuota, así como la falta de obligatoriedad del pago del IVA. Entre sus puntos más débiles se sitúa el abono del 24,5% de los ingresos anuales.
Por su parte, en el sistema holandés se pagan 50 euros anuales de cuota de autónomos y, entre los aspectos negativos, Forbes señala que el trabajador debe pagarse su propio seguro médico, que cuesta aproximadamente 100 euros mensuales.
Por último, Forbes sitúa a Alemania en el último puesto del ranking, pues subraya como aspecto negativo la necesidad de pagar una cuota de 140 euros siempre que se superen los 1.700 euros limpios de ingresos al mes. De igual manera, los trabajadores autónomos deben pagar un seguro médico, que oscila entre los 150 y 200 euros al mes.
Cuotas e impuestos en España
En contraste con lo expuesto, en España es necesario hacer frente a una cuOta mensual de 260 euros. El autónomo debe, además, hacer frente a declaraciones trimestrales de IVA y de IRPF, cuyas cantidades variarán en función de la facturación y del tramo de cotización. Forbes no puntúa el sistema de nuestro país, por lo que es difícil establecer un puesto en el ranking. Aún así, en ciertos apartados la diferencia es notable. Incluso teniendo en cuenta los descuentos en la cuota mensual para nuevos autónomos que ha implantado recientemente la Ley de Emprendimiento que aprobó el Gobierno.
En primer lugar, estos descuentos son sólo para nuevos trabajadores por cuenta propia. En segundo lugar, su aplicación permitiría pagar 53 euros mensuales durante el primer semestre. Cantidad que pagan, por poner un ejemplo, los autónomos holandeses a lo largo de todo un año.


lunes, 29 de diciembre de 2014

LA BOTELLONA Y EL AYUNTAMIENTO DE SEVILLA



Estamos asistiendo estos días al abuso de autoridad y carente del mas mínimo sentido de justicia del ayuntamiento de Sevilla, alentado por el populismo barato,  contra bares de copas de distintas zonas de ambiente de la capital..
Llevamos treinta años observando como los poderes públicos, con la colaboración de los padres han destrozado, en muchos casos,  el hígado  y el cerebro de nuestra juventud fomentando la “botellona” La han institucionalizando en nuestra sociedad, llegando a ser el acto más importante en el ocio juvenil. Los poderes públicos han destinado incluso espacios público para que nuestra juventud se emborrache, botellódromos, donde incluso ha habido conflictos con resultados de muerte.
Ya es un hábito de nuestra juventud beber en la calle. Sin embargo nuestro poder político ante las novedosas y ya ruidosas quejas vecinales, ha tomado de cabeza de turco a los mencionados bares. Sin responsabilizarse de esta situación que es el resultado de lo que han sembrado durante mas de treinta años.
No son los bares los que han provocado esta situación. Ha sido la autoridad pública con su dejadez buscando el voto de estos jóvenes. Ahora parece que tiene más atractivo el voto de los vecinos y de ahí el cambio a la hora de actuar. Lo cierto y verdad es que quien siembra truenos recoge tempestades. El problema es de difícil solución. Necesita de actuaciones de gobernantes que gobiernen y dejen de hacer populismo.

Faustino Tomares.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

TOMARES GOURMET 2.014

No tengo mas remedio que agradecer a nuestro ayuntamiento la organización de este evento
Evento que autenticamente traerá riqueza a nuestro pueblo. Dado que el dinero que se moverá, de los mismos vecinos en unos casos y muchos venidos desde fuera en otros, irá a las cajas registradoras de nuestros comercios de hostelería que mas tarde irradiará a toda la economía local.
Espero que sirva de ejemplo para que futuras actuaciones vayan en este sentido. Es decir, eventos que generen entrada de dinero en nuestra localidad y no a la inversa como sucede en otras muchas actuaciones.

Faustino Tomares. Pte. de PYMES y Autónomos de Tomares.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El empresario no explota al trabajador




D.Juan Ramon Rayo
La propaganda socialista ha popularizado la idea de que el capitalista explota el trabajador para arrebatarle una parte de su salario. De acuerdo con semejante estampa, el obrero constituye un elemento esencial del proceso de generación de riqueza al que se le adosa un improductivo parásito que le impide retener la totalidad del “fruto de su trabajo”. La realidad, sin embargo, es más bien la opuesta.
El trabajo por el trabajo, la simple aplicación de esfuerzo en cualquier actividad, no genera en sí mismo riqueza. Si lo hiciera, los centenares de miles de viviendas construidas en España durante la burbuja o los aeropuertos vacíos e innecesarios paridos del trabajo humano se erigirían como monumentos a la prosperidad universal. Pero no lo hacen: al contrario, todos coincidimos en la magna dilapidación de recursos que han supuesto. Digamos que el trabajo allí dedicado fue una completa pérdida de tiempo: si los trabajadores que se ocuparon y retuvieron en tan disparatados proyectos hubiesen sido empleados en otras finalidades más útiles, toda la sociedad –empezando por los propios trabajadores– se habría visto beneficiada por esta buena dirección de los esfuerzos.
Que el trabajo sea en muchos casos una condición necesaria para generar riqueza no lo convierte en una condición suficiente. Es verdad que en un orden social extremadamente simple y primitivo casi cualquier trabajo permitía generar riqueza: las necesidades urgentes no satisfechas (alimentación, vestimenta, cobijo, ornamentación…) eran tantas y los medios potenciales para lograrlas eran tan poco variados (fuerza bruta) que, en efecto, lo único que se requería era esfuerzo físico; la coordinación de ese trabajo, sin carecer de importancia, apenas tenía un rol meramente técnico, de modo que era fácil confundir el esfuerzo humano con una condición suficiente para alumbrar bienestar.
Pero, por el contrario, en un orden social altamente complejo, las necesidades no urgentes por ser satisfechas y los medios disponibles para alcanzarlas son de tal enormidad que la función de seleccionar dónde y cómo maximizar en cada momento la creación de riqueza resulta de una importancia básica: no en vano, invertir los recursos de un modo significa no poder invertirlos de otro; es decir, seguir determinados cursos de acción bloquea la posibilidad de seguir otros. He ahí, precisamente, la labor fundamental que realiza el capitalista en su papel de promotor-empresario: seleccionar, bajo su propia responsabilidad y riesgo, aquellos planes de negocio que sí generan valor para los consumidores y a los que, una vez confeccionados, se incorporarán los distintos trabajadores. De la misma manera que para encontrar la salida de un extenso bosque es preferible contar con un buen guía que esforzarse en dar vueltas circulares, a la hora de coordinar a miles de millones de personas en generar riqueza resulta esencial contar con buenos capitanes del navío que eviten que naufrague ese proceso de coordinación social (la famosa “división del trabajo”).
Es entonces, cuando ya conocemos el destino hacia el que debemos dirigirnos –cuando el buen plan de negocios ha sido confeccionado por algún habilidoso empresario–, cuando ese plan puede comenzar a tomar forma contratando a los factores productivos necesarios para implementarlo, entre ellos los trabajadores. Pero fijémonos que el trabajador es sólo un relevante compañero de viaje una vez éste viaje ya se ha iniciado. Si de alguna forma fuese posible prescindir del trabajador (por ejemplo, robotizando su ocupación), el empresario seguiría generando riqueza con su plan de negocios; en cambio, el obrero sería incapaz de hacerlo prescindiendo del plan empresarial de negocios (a menos que él ejerciera de empresario exitoso vía empleo autónomo o cooperativas y confeccionara un plan de negocios tan bueno o mejor que el de sus rivales).
Por consiguiente, es el empresario el que cede al trabajador parte de la riqueza que su plan de negocios crea: lejos de rapiñar la plusvalía del proletario, es el trabajador el que toma parte de la plusvalía que le correspondería al empresario. Marx, por consiguiente, entendió el proceso social del capitalismo justo al revés: no se extraía el valor del proletario al capitalista sino, más bien, del capitalista al proletario. Claro que, también a diferencia de la propaganda marxista, en ningún caso puede decirse que todo ello suponga una explotación del trabajador al empresario: las relaciones laborales son acuerdos voluntarios donde ambas partes salen ganando y por tanto donde no existe parasitismo y sí simbiosis.
En suma. el capitalista proporciona la financiación, el empresario elabora el plan de negocios, el trabajador lo ejecuta en colaboración con muchos otros factores de producción y el consumidor disfruta de los masivos bienes así producidos. Capitalismo de libre mercado, se llama.
JUAN RAMON RAYO


EL ESCLAVO-AUTONOMO

Antes se denominaban esclavos
Carecen de derechos y solo tienen obligaciones. Lo que ha cambiado es el “señorito” que esclaviza al esclavo-autónomo. Antiguamente era un amo acaudalado o terrateniente. Hoy el “amo” es el Estado que se nutre de ellos para  crear a posteriori los actuales señoritos que no se denominan amos por el conflicto de posesión que ello provocaría entre los políticos-señoritos.
Antes de ganar el más mínimo euro tienen que pagar el total de impuestos y de seguros sociales como si estuviera obteniendo beneficios más que suficientes desde el primer día.. Si después queda algo, eso es para el Autónomo. Todo esto después de hacer una inversión casi siempre millonaria y en muchos casos e hipotecarse para toda la vida y así auto crearse el puesto de trabajo-esclavo denominado Autónomo.
Faustino Tomares.